El Departamento del Tesoro de Estados Unidos, bajo la gestión de Donald Trump, contempla una decisión que podría modificar más de 150 años de tradición monetaria: incluir la firma del presidente en los billetes de dólar. Hasta ahora, únicamente aparecen las firmas del secretario del Tesoro y del tesorero, un sistema vigente desde 1861. La propuesta gubernamental planea que, a partir de junio, los nuevos billetes inicien su circulación con la rúbrica de Trump, comenzando con los de mayor denominación, los de 100 dólares, y posteriormente extendiéndose al resto de las denominaciones.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha defendido la iniciativa, argumentando que es un reconocimiento al “crecimiento económico histórico” y a la relevancia del dólar a nivel global. Por su parte, el tesorero Brandon Beach ha enfatizado que Trump representa el inicio de una nueva fase de expansión económica, defendiendo así la inclusión de su nombre en el papel moneda.
Esta propuesta no llega sola, sino que está en paralelo a un proyecto que busca que la imagen de Trump también aparezca en una moneda conmemorativa de oro. A pesar de haber recibido el visto bueno de la Comisión de Bellas Artes de Estados Unidos, este proyecto enfrenta críticas debido a la normativa federal que prohíbe la inclusión de presidentes en funciones en monedas.
Expertos advierten que esta medida podría generar resistencia política. Michael Bordo, un reconocido historiador monetario de la Universidad Rutgers, expresó su preocupación acerca de la posible controversia que podría suscitar, y aunque existe cierta flexibilidad legal por parte del Tesoro, se mantiene la incertidumbre sobre si esto infringe alguna ley.
Desde la oposición, las críticas no se hicieron esperar; varios líderes demócratas consideran que esta propuesta atenta contra las tradiciones institucionales del país y acusan al gobierno de personalizar un símbolo que históricamente ha permanecido apartado de los conflictos políticos. La congresista Shontel Brown, a través de su cuenta en X, calificó la medida de “asquerosa y contraria a los valores estadounidenses”, añadiendo que servirá como un recordatorio de que la culpa por un aumento en los precios de gasolina y alimentos puede ser atribuida a la administración actual.
Más allá de la discusión legal, el cambio representa un profundo simbolismo, ya que el dólar no solo funciona como medio de intercambio, sino también como un símbolo de estabilidad y continuidad. Cualquier modificación en su diseño es interpretada como un mensaje político significativo, tanto a nivel interno como internacional. Si se lleva a cabo, esta medida marcaría un giro en la forma en que Estados Unidos se representa a sí mismo a través de su moneda, transformando el billete verde en un nuevo capítulo de la pugna entre el oficialismo y la oposición.

