En Latinoamérica, la tradición de resguardar el ahorro en una moneda fuerte, como el dólar, sigue vigente, a pesar de que esta divisa atraviesa un proceso de depreciación global. En Argentina, por ejemplo, se estima que hay más de 200.000 millones de dólares guardados ‘bajo el colchón’. Sin embargo, apilar dólares no solo es insuficiente, sino que puede resultar contraproducente. Según el último reporte del INDEC correspondiente al tercer trimestre de 2025, el dinero fuera del sistema financiero supera los 279.476 millones de dólares. A pesar de la Ley de Inocencia Fiscal, que busca integrar más dólares al sistema formal, el ahorro informal sigue siendo la principal opción de refugio ante la inestabilidad económica. Esta tendencia, que refleja una falta de confianza en la moneda local, resalta la importancia de entender que el dólar, aunque tradicionalmente fuerte, no está exento de riesgos. En los últimos años, el poder adquisitivo del dólar ha disminuido dramáticamente. Por ejemplo, en 1964, se necesitaban 20.000 dólares para comprar una vivienda promedio en EE.UU.; para el año 2000, esa cifra ascendió a 120.000, y en la actualidad se requieren aproximadamente 400.000 dólares. Además, el Índice DXY, que mide el valor del dólar frente a otras divisas, cayó un 10% en el primer semestre de 2025, su peor desempeño en medio siglo. Este contexto, agravado por conflictos internacionales, sugiere un futuro volátil para el dólar, lo que impacta especialmente a los ahorristas extranjeros, quienes se encuentran sin acceso a estímulos fiscales o crédito barato. Los dólares guardados pierden valor con el tiempo, independientemente de la relación con el peso local. Así, se hace evidente que el único mecanismo válido para preservar el capital es generar rendimientos a través de la inversión. Invertir no debería considerarse un riesgo, sino más bien un recurso de resguardo. Existen muchos activos, como bienes raíces, que pueden ofrecer estabilidad sin exponerse a la volatilidad del mercado. Por ejemplo, los storages de almacenamiento han visto su valor crecer de 5 millones a cerca de 20 millones de dólares en 25 años. Aunque el dólar sigue siendo la moneda predominante en el mundo, no es una garantía absoluta; entender esto es esencial para los ahorristas que desean enfrentar la incertidumbre económica. Aquellos que capten esta realidad contarán con las herramientas necesarias para sobrevivir a la volatilidad, mientras que los que no lo hagan podrían caer en una trampa similar a la del mito de Sísifo, empujando continuamente una roca cuesta arriba solo para ver cómo desciende una y otra vez.

