Durante la Asamblea de Primavera del FMI y el Banco Mundial, el organismo ratificó su estimación de que la economía argentina registrará un avance del 5,5% en 2025. Petya Koeva Brooks, integrante del equipo de economistas del Fondo, destacó que los indicadores positivos de los primeros meses del año y un repunte en la confianza duramente logrado pese al ajuste fiscal respaldan esta previsión.
“Aún mantenemos ese pronóstico básicamente por los datos positivos que vimos. Pese al ajuste fiscal hubo un aumento en la confianza y eso nos permite sostener el pronóstico”, señaló Brooks. Sin embargo, advirtió que la materialización de ese crecimiento está condicionada por la persistente vulnerabilidad de los precios y las restricciones financieras que se observan a nivel global.
En su informe, el FMI redujo al 2,8% su proyección de expansión para la economía mundial y alertó sobre el impacto de la guerra comercial iniciada con las medidas arancelarias de la administración Trump. “Todos los países se verán afectados a la baja por la incertidumbre que recorta inversiones y producción”, afirmó Pierre Olivier Gourinchas, economista jefe del Fondo.
Por su parte, Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, dirigió un mensaje directo a los argentinos durante un foro legislativo organizado junto al Banco Mundial. Tras reconocer que el país pasó de un déficit fiscal a un superávit, destacó la importancia de consolidar reformas y generar confianza para que la recuperación sea sostenible.
En ese contexto, Georgieva aludió a los cerca de 200.000 millones de dólares que, según estimaciones, permanecen “bajo el colchón” y sugirió que, si esos recursos se vuelcan al circuito formal, podrían impulsar significativamente el desarrollo local. “Si ese dinero se invierte en Argentina, imaginen lo que sería ese país”, afirmó.
El FMI insistió en la necesidad de estabilizar las relaciones comerciales a nivel global y subrayó el rol de los bancos centrales independientes para actuar con agilidad ante cambios de tendencia. En cuanto a Estados Unidos, el organismo elevó del 25% al 40% la probabilidad de una recesión en los próximos doce meses, aunque no considera inevitable la caída.
La ronda de reuniones en Washington concluye con un llamado a la previsibilidad y al compromiso de los gobiernos para sostener el crecimiento. Para Argentina, el desafío pasa por traducir la proyección optimista del FMI en resultados concretos, principalmente atrayendo los dólares que aún quedan al margen del sistema financiero.

