El reciente establecimiento de un nuevo esquema de bandas cambiarias representa un cambio significativo en la gestión del dólar en Argentina y altera la forma en que las empresas e importadores organizan sus pagos internacionales de cara al año 2026. Aunque este sistema no elimina completamente la incertidumbre, establece límites claros que reconfiguran la dinámica del riesgo cambiario, lo que requiere una gestión más activa de la tesorería.
Este régimen determina un piso y un techo para el tipo de cambio, ajustándose a la inflación, lo que ayuda a mitigar escenarios extremos. Sin embargo, los expertos advierten que esto no garantiza una estabilidad total. David Duek, CEO de Eluter, señala que “las bandas aportan previsibilidad operativa, pero no certeza de precio”. La volatilidad persiste y se concentra dentro del rango establecido, especialmente cerca del límite superior.
A pesar de las nuevas reglas, la actitud del mercado sigue determinada por las expectativas, donde la inflación futura, la devaluación implícita, el acceso al financiamiento y el riesgo regulatorio son factores críticos en la toma de decisiones empresariales. Dada la historia del país con cambios bruscos en las regulaciones, la confianza en la permanencia del esquema es fundamental.
Duek advierte que el sistema de bandas no altera automáticamente los incentivos: “Si se piensa que el dólar alcanzará el techo, los importadores seguirán adelantando pagos y los exportadores retrasando liquidaciones”. Por lo tanto, el nuevo esquema organiza la situación, pero no elimina la lógica defensiva que ha caracterizado al comercio exterior argentino.
El verdadero efecto de este nuevo paradigma se siente en la operativa diaria de los pagos internacionales. En este contexto, la fijación de precios, la definición de plazos y la elección del momento adecuado para realizar pagos son decisiones estratégicas cruciales. “Las bandas no resuelven el problema; simplemente lo transforman. Se pasa del miedo al salto a una gestión disciplinada dentro de un corredor”, resume Duek.
Esto implica una profesionalización en la gestión del riesgo cambiario, empleando estrategias como el prefondeo parcial, pagos fraccionados, la compensación de cobros y pagos, así como el uso de estructuras multi-moneda y multi-rail para minimizar costos y evitar problemas de timing. Para tanto, importadores y exportadores deben establecer escenarios claros y disparadores de acción, más que aspirar a una trayectoria única del dólar.
De cara a 2026, el nuevo marco no promete una serenidad total, pero sí demanda un enfoque financiero más sofisticado. En un mercado donde la volatilidad continúa, la clave no es solo anticipar un choque, sino aprender a operar dentro de un rango con reglas más definidas.

