En Latinoamérica, la costumbre de utilizar monedas fuertes como medio de resguardo del ahorro es profundamente arraigada. A pesar de que la depreciación global del dólar, la divisa más popular, afecta su valor, en Argentina se estima que hay más de 200,000 millones de dólares ocultos en el mercado informal. Esto resalta la necesidad de entender que acumular dólares no solo es ineficaz, sino desventajoso.
Según el último informe del INDEC, el stock de dinero fuera del sistema formal ha alcanzado los 279,476 millones de dólares. Pese a la implementación de la Ley de Inocencia Fiscal, que busca incentivar el ingreso de dólares al sistema formal, la informalidad persiste como la principal opción de resguardo ante la inestabilidad económica. Esto refleja una desconfianza histórica en la moneda local y una falta de perspectiva hacia el comportamiento internacional de los activos.
Es cierto que el dólar tiende a imponerse sobre el peso argentino, pero también hay que reconocer que su fortaleza es relativa. La historia demuestra que el poder adquisitivo del dólar ha disminuido. Por ejemplo, en 1964 se necesitaban 20,000 dólares para comprar una casa promedio en Estados Unidos, mientras que hoy esa cifra se ha elevado a 400,000 dólares. Según el IPC del Bureau of Labor Statistics, entre 1975 y 2025, el poder adquisitivo del dólar se ha reducido en aproximadamente un 83%. Además, el Índice DXY, que mide el valor del dólar frente a otras seis monedas, ha caído un 10% en la primera mitad de 2025, el peor resultado en 50 años.
Los ahorristas extranjeros son los más perjudicados por esta situación, ya que carecen de acceso a estímulos fiscales y programas sociales que dependen de la emisión de la Reserva Federal. Como señala el Efecto Cantillon, el aumento de la base monetaria favorece a quienes están cercanos a la creación de dinero, perjudicando a los ahorristas más pequeños.
Almacenar dólares bajo el colchón es una forma segura de perder valor con el tiempo, y la única forma de combatir la desvalorización es a través de la generación de rendimientos. Contrario a lo que algunos piensan, invertir no es un riesgo, sino una forma efectiva de proteger el patrimonio. No necesariamente tiene que ser a través de la bolsa; por ejemplo, la inversión en bienes raíces ha demostrado ser una opción efectiva.
Aunque el dólar se mantenga como la moneda predominante en el mundo, no debe ser visto como una garantía. Aquellos que reconozcan esto tendrán herramientas mejores para enfrentar la volatilidad económica. Sin esta comprensión, corren el riesgo de quedar atrapados en una lucha interminable por mantener su valor, como en el mito de Sísifo.

