En 2026, el dólar estadounidense volvió a sentir una fuerte presión a la baja en los mercados internacionales, sorprendiendo a muchos inversionistas que esperaban una estabilidad para la moneda de reserva global. Al inicio del año, la divisa sufrió su mayor caída en tres días contra una canasta de monedas importantes desde abril del año anterior, generando inquietudes entre bancos centrales, gestores de fondos e instituciones financieras.
Una gran parte de esta caída se produjo en un contexto geopolítico y de políticas económicas inestables desde Washington. En los últimos meses, el presidente estadounidense, Donald Trump, implementó medidas inesperadas, como amenazas arancelarias a aliados comerciales y presiones sobre la independencia de la Reserva Federal (Fed), lo que tensó las relaciones con varios socios internacionales. Según analistas, estas decisiones socavaron la confianza en la fortaleza tradicional del dólar como un activo de refugio.
Recientemente, eventos como amenazas comerciales hacia Groenlandia, tensiones con Canadá y la acusación penal contra el presidente de la Fed, Jerome Powell, crearon una percepción de mayor riesgo político que económico, llevando a los inversionistas a reevaluar sus posiciones en activos denominados en dólares.
La política monetaria también desempeñó un papel crucial en esta situación. La expectativa de que la Fed recortará las tasas de interés al menos dos veces este año, mientras otros bancos centrales mantienen o incluso elevan sus tasas, ha reducido el atractivo del dólar frente a otras monedas. Además, la posibilidad de que Powell deje su cargo en mayo y el creciente apoyo para un sucesor con un enfoque más dovish han presionado aún más a la divisa.
Este entorno ha favorecido el movimiento de capital hacia otros mercados y activos refugio. Monedas como el euro, la libra esterlina y el franco suizo han superado en rendimiento al dólar, mientras que activos tradicionalmente seguros como el oro han alcanzado máximos históricos, reflejando la aversión al riesgo global. A pesar de este debilitamiento, en términos comerciales, el índice dólar (DXY) solo ha perdido alrededor del 5,3% en los últimos 12 meses, lo que sugiere que el retroceso no ha sido tan extremo a largo plazo, aunque sí significativo a corto plazo.

